Sentencia a Fujimori: ¿Hasta cuándo la cuchipanda?

por Herbert Mujica Rojas


La esperada sentencia de la Corte Suprema al ex dictador Alberto Kenya Fujimori le castigó con 25 años de prisión. Como es obvio, para unos el resultado fue justiciero y reivindicador; para otros todo lo contrario. ¿Debe el país transitar por la suicida ruta de dividirse en torno a quien no representa a nadie? ¿no está Perú ya en el zafarrancho de una guerra jurídica que por delimitación marítima ha planteado a Chile? ¿a qué agentes o infiltrados o a qué nación imperialista resulta utilísimo que Perú siga escindido y desconcertado en sus planteamientos geopolíticos, distraído en temas de poca monta o importancia deleznable cuando los australes se imponen a través de sus parlamentarios, ministros, comisionados, mermeleros en la prensa local y en las empresas, dispuestos a hacer creer que la sumisión completa es clave para que lleguen las inversiones? ¿hasta cuándo la cuchipanda que no hesita en manosear los derechos humanos aplastando la postura de quienes no piensan del mismo modo? Mi modestísima opinión sobre Fujimori ha sido vertida en artículos en blanco y negro desde el 2000 cuando 95% de los furiosos antifujimoristas actuales ni siquiera sabían quién era el autócrata.


Si hay algo que no ha hecho Perú a lo largo de su luenga historia, salvo raros momentos estelares, es pensar unitaria y coherentemente. No somos un país, somos un conjunto disímil, múltiple, atolondrado, de naciones y la orfandad de liderazgo político con miras a la construcción de un Estado poderoso nacional, firme y decidido a reivindicar su pasado de guión político en la gran nación andina es patética como desgraciada característica. No hay buenas ni malas masas, decía Haya de la Torre, sólo hay buenos y malos dirigentes. A tenor de los resultados, es indudable que Perú es lo que sus adalides han querido que fuera a lo largo de 187 años de vida republicana.

Hay mentiras monumentales sobre las que se han asentado "verdades" cosméticas siempre convenientes a los que hacen el negocio en cualquier sentido u orientación. Por ejemplo, se ha dicho que Fujimori es el primer ex presidente sentado en el banquillo de los acusados y múltiples testimonios desmienten la fruslería porque hubo otro, en su cama de paciente terminal, Augusto B. Leguía, a quien se sentenció poco antes de su muerte ocurrida en febrero de 1932. Leguía por lo menos era peruano y había peleado en defensa del Perú en la guerra de rapiña que Chile protagonizó entre 1879 a 1883. El nipón Fujimori fue un claudicante vergonzoso ante la política del sur y está muy fresco el recuerdo del Acta de Arica de noviembre de 1999 con sus novaks, parejas, valdeses, trazegnies y otros traidorzuelos, algunos de uniforme, que ahora fungen de especialistas en la materia. Es decir hay claras diferencias y hasta el parangón es ocioso aunque inevitable.

Perú debe recobrar ecuanimidad y pensar con criterio geopolítico y unitario. Los que no crean en este imperativo fundamental es porque defienden intereses parroquiales o están pagados por potencias extranjeras. O simplemente abominan del Perú y sólo creen en el dios dólar.

Por ejemplo. Días atrás una poderosa campaña de canonización en vida fue iniciada por San Dionisio Romero Seminario, el banquero de los banqueros, quien se declaró como de "centro-izquierda". De seguro que la definición sociológica enunciada por aquél, jamás denigró tanto al centro como a la izquierda que esta vez, como hace más de 35 años, se olvida pasa por alto los delitos del poderoso hombre de negocios. Si se trata de derechos humanos entonces ¿por causa de qué no hay pronunciamientos contra quien sí es parte del poder que manda, coloca y sufraga a presidentes y sí hay algazara contra quien está preso, inane y NO es nada sino un guiñapo inservible tras las rejas? Curiosa antinomia que no encontraría, me atrevo a sostenerlo, ninguna explicación decente posible.

Quienes descrean de la sentencia tienen el camino de la apelación. Como todo documento presenta zonas oscuras o sospechosas. Condena a uno pero limpia, al nivel de ángeles inmaculados a otros. Y eso es muy discutible cuando no maniqueo. Por otro lado los llamados a la sedición son paparruchas ridículas. Jamás han sido los fujimoristas orden o limpia conformación política, sólo federados en la primitiva concepción de cómo exaccionar al Estado y servirse de él a como dé lugar. Quien siembra vientos cosecha tempestades y así deberían hacérselo entender al japonés Kenya.

Es hora, pues, de aquietar juergas y pensar fríamente porque Perú es más grande que el insignificante ex presidente violador de los derechos humanos y descreído acérrimo de un país que no es el suyo y al que regaló en concesiones tramposas, contratos con nombre propio y que lo digan sino las bandas de millonarios que prohijaron.

No obstante, la cuchipanda, sólo favorece los intereses foráneos que quisieran, como lo empujó la administración de Fujimori, la cantonización total del Perú y su remate a precio de almacén. Hay muchos que aún quieren la repartija del país y sus agentes están muy activos. No lo olvidemos por ninguna razón.

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!