Crecimiento desigual y desnutrición

Por Desco


En esta última etapa el Gobierno ha concentrado su mayor esfuerzo en el plano económico, a través de las inversiones y la extracción de materia prima, sin embargo este énfasis no ha garantizado un crecimiento equitativo. Mirando los últimos indicadores (según datos del INEI) vemos que la pobreza ha venido disminuyendo desde el 2004 hasta el 2008 sin que, por ejemplo, se logre reducir los altos niveles la desnutrición. En el caso de Huancavelica, que ha sido un departamento históricamente golpeado en este sentido, podemos comentar dos elementos: (i) la prevalencia de desnutrición alta y constante y (ii) la brecha entre esta prevalencia y el promedio nacional, en aumento.


En el primer punto tenemos que la prevalencia se mantiene alta, con un 59,2% (ENDES 2007) cifra que dúplica al promedio nacional y que evidencia un crecimiento desigual, en segundo lugar tenemos que la diferencia entre los porcentajes de desnutrición crónica a nivel nacional con los de Huancavelica, ha ido creciendo sostenidamente, de 16,9% (1992), 24,5% (1996), 28% (2000) a 29,6% (2007). En tal sentido vemos que las políticas de desarrollo se concentran en el crecimiento económico y que éste, por cuestiones que probablemente tengan que ver con el modelo de desarrollo, aún no logra la mejora de otro tipo de indicadores sociales.

Otro elemento que apoya esta mirada de desigualdad, está relacionado al déficit calórico, que mide si el hogar está teniendo problemas para cubrir sus necesidades alimentarias y que es uno de los factores desencadenantes de la desnutrición crónica. Esta necesidad de las familias debería verse satisfecha en un contexto de crecimiento económico, sin embargo se produce el mismo escenario desigual, como lo manifiesta Eduardo Zegarra (GRADE), que señala que: «El déficit calórico subió en el Perú de 28% a 31,6% entre el 2007 y el 2008. De un total de 8 millones de personas subió a 9,2 millones. Es un incremento muy significativo en un año en el que la economía del Perú creció 10% y cayó la pobreza en 4%».

Por otro lado, es curioso ver que un indicador como desnutrición crónica se encuentra en 22,6% a nivel nacional, el porcentaje más bajo en los últimos 16 años, y constatar que éste se registra en medio de una «crisis económica» global, una falta de cobertura de servicios básicos como agua y saneamiento, una débil capacidad de gasto de inversión en todos los niveles y una desarticulación de programas y proyectos. Queda para un análisis más detallado conocer en qué se sustenta esta aparente paradoja.

No obstante, al ver el panorama general, parece claro que la actual gestión no hará un cambio en su política que permita una mejora tanto económica como social, sobre todo para las áreas rurales. En tal sentido, estos elementos se presentan como retos para la próxima gestión y deberían ser incluidos en los planteamientos de gobierno y debates generados por la sociedad civil.

Las zonas rurales tienen un enorme desafío, pues tanto ante una época de «bonanza» como de «crisis», presentan una realidad castigada con indicadores como los mencionados. Las elecciones de autoridades subnacionales de octubre de este año, también deberán recoger un mayor debate sobre estos temas.

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