Cómo ser más inteligentes

Por José Carlos García Fajardo*


Se ha sostenido que la inteligencia era hereditaria y que, así como sucedía con las diferencias entre individuos, igual sucedía con las diferencias entre grupos sociales, étnicos o raciales. Los test de coeficiente intelectual  parecían mostrar que el hecho de que los judíos Ashkenazi figurasen en la cima, seguidos por los asiáticos de Extremo Oriente, los blancos en general y por último los negros, estaba determinado por la herencia, y sólo después por la cultura. De ahí que los programas sociales para elevar el coeficiente intelectual eran innecesarios ya que si las desigualdades intelectuales estaban escritas en los genes igual sucedía con las sociales emanadas de ellos.


Este planteamiento tenía que ver con el etnocentrismo y el racismo vinculados a la concepción hereditaria de  la inteligencia.

Richard Nisbett, profesor de psicología cognitiva en la universidad de Michigan,  en su obra “Inteligencia y cómo adquirirla”, destruye los prejuicios raciales y explica qué es la inteligencia.

¿Tienen los padres la posibilidad de mejorar la inteligencia de sus hijos? ¿Por qué unas naciones tiene más ingenieros y otras más matemáticos, médicos o artistas?

En su estudio busca respuesta científicas para países multirraciales como Estados Unidos y la Unión Europea: ¿Los blancos tienen mayor nivel de inteligencia que los negros, como creen algunos? ¿Por qué los judíos tienen, en proporción  a su número, más  Premios Nobel y, en Estados Unidos, un tercio de los Nobel son judíos? ¿Acaso todo depende de la herencia y no de la educación que reciben y del medio familiar en el que crecen? ¿Por qué los judíos suelen hablar varias lenguas y desarrollan capacidades artísticas? ¿Es por su capacidad intelectual o también por los condicionamientos culturales e históricos que estimularon su elección entre bienes inmuebles o saberes cosmopolitas? Habrá influido algo lo que dice el violinista sobre el tejado, que llevan el sombrero puesto porque no saben cuando tendrán que partir.

¿Por qué los estudiantes asiáticos obtienen las mejores calificaciones en muchas universidades norteamericanas?

De hecho, el 62% de los estudiantes extranjeros en USA son asiáticos mientras que los europeos y latino americanos no superan el 13 y el 10% respectivamente.  En Harvard, Berkeley, MIT, Stanford, Columbia  y otras universidades los asiáticos ya superan el 20%.

La respuesta de Nisbett es gratificante y esclarecedora: La inteligencia no depende de la herencia genética porque es eminentemente elástica y mejorable; es por la educación y por el esfuerzo personal por lo que las personas se hacen más inteligentes. También desmonta la idea de que el éxito en la vida va siempre unido al nivel de inteligencia.

La inteligencia, al principio, es un potencial que la escuela y el ambiente familiar y social se encargan de su desarrollo, y nos obligan a adaptarnos a sus exigencias mediante el desarrollo de ese potencial, esto es, a ser cada vez más inteligentes. Véase el caso de niños adoptados procedentes de otros países.

Nisbett define la inteligencia como la capacidad mental que nos permite razonar, planificar, resolver problemas, servirnos de las abstracciones, comprender las ideas complejas y aprender y retener las lecciones de la experiencia.

La educación mejora el coeficiente intelectual  que no cesa de crecer gracias a la generalización y mejora de la educación, según el país y no por razones raciales sino muchas veces sociales y económicas. La educación de las mujeres y su acceso a puestos de trabajo y responsabilidades, iguales a los de los hombres, es clave para abordar el terrible problema de la explosión demográfica: Había 1.200 millones de personas, en 1914, cuando estalló el conflicto de Sarajevo, y, en ese mismo siglo, cuando Kofi Annan, alzó también en Sarajevo al niño número 6.000 millones.

Las mujeres formadas y con responsabilidades en la sociedad no quedan embarazadas hasta bien pasada la veintena y no a los catorce o quince años cuando empiezan a llenarse de hijos en países empobrecidos. Entre otras razones, para tener ayuda para los campos y asistencia en la vejez por carecer de los pilares del Estado de bienestar: educación, salud y pensiones para todos por el mero hecho de ser personas.

Hasta el siglo XIX se consideraba inteligentes y admirables a los chinos y a los árabes, lo que ocurría es que estaban mejor educados, conscientes de sus saberes y logros científicos hasta el punto de ser los mayores exportadores de productos manufacturados. Su decadencia comenzó con la colonización y la explotación. China está recuperando sus señas de identidad, la colonización y el maoísmo no afectan a una historia varias veces milenaria. Los árabe-musulmanes todavía permanecen en el sueño de su pasado.

*Profesor Emérito de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Director del CCS

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