Recaudación tributaria: igual que en 1994

Por Humberto Campodónico


Según la Sunat, de enero a julio del 2009 se recaudaron S/. 30,118 millones por tributos internos, 17% menos que el año pasado, cuando ingresaron S/. 34,740 millones. Para todo el 2009 ya no se recaudarían los S/. 58,2732 millones del 2008 sino unos S/. 50,000 millones.


En % del PBI, la Sunat proyecta que sus ingresos llegarían al 13.5%, cifra muy inferior al 15.6% del año pasado. Así, los ingresos tributarios caerán por primera vez desde el 2002, cuando solo fueron el 12.1% del PBI.

Este retroceso es muy grave por varias razones. Una es que estamos en el pelotón colero de América Latina, ya que en la región el promedio de ingresos tributarios es 17.5% del PBI (en Chile y Colombia, por ejemplo, la presión tributaria es 19 y 18%, respectivamente). La consecuencia es que los menores ingresos disminuyen la capacidad de inversión en los sectores sociales y en infraestructura.

De otro lado, tanto bajo Fujimori como después con Toledo y García, no se ha hecho una reforma tributaria integral, como lo planteó el Acuerdo Nacional en el 2003:
“(Necesitamos) una política tributaria que permita financiar adecuadamente el presupuesto para lo cual la base tributaria deberá ampliarse hasta alcanzar una recaudación no menor al 18% del PBI” (acápite 3.2 de las Políticas de Estado).

El problema es que se optó por el facilismo de que la recaudación suba por el alza de los precios de los minerales. Pero apenas el ciclo cambió de tendencia, los ingresos tributarios cayeron fuerte: si en el 2008 las empresas mineras pagaron S/. 6,750 millones de impuesto a la renta, este año tributarán S/. 2,400 millones. Ese menor ingreso equivale a 1.1% del PBI.

A esto se agrega la equivocada política de reducción arancelaria de Carranza I en el 2006 y 2007, que ocasionó, según la Sunat, pérdidas de ingresos tributarios por S/. 3,000 millones en el 2008.

La receta para la reforma tributaria integral es conocida y ya se suman a ella hasta el Banco Mundial y el BID: hay que aumentar los impuestos directos (al patrimonio, al capital) disminuyendo la exagerada importancia de los impuestos indirectos como el IGV que afectan mucho más —en términos de % de sus ingresos— a los que ganan menos. Eso comienza por la eliminación de las exoneraciones tributarias al sector financiero (ganancias de capital en bolsa; no pago de intereses por parte de los tenedores de bonos; no pago de impuestos por venta de empresas peruanas en el exterior)

El verdadero tema de fondo es el agotamiento del modelo primario exportador debido a que la crisis mundial configura un panorama distinto al ciclo largo de crecimiento que duró hasta setiembre del 2008: en los países industrializados, y sobre todo en EE. UU., se ha terminado la “fiesta del consumo” basado en el crédito fácil y las burbujas hipotecarias.

Como bien lo señaló ayer Bruno Seminario en La República (El futuro de la economía mundial), cuando termine la crisis nos encontraremos en un mundo desglobalizado, con menor financiamiento externo y con un comercio internacional creciendo a un ritmo más lento, lo que requerirá que aquellos países que se han orientado completamente al exterior revisen su estrategia de desarrollo para encontrar una más equilibrada que le otorgue  igual papel al desarrollo del mercado interno. Eso es lo que se necesita.

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