Repsol nunca pierde

Por: Humberto Campodónico

¡Qué cosa curiosa! La empresa Repsol, que ha encontrado dos billones de pies cúbicos (2 TCF) de gas natural en el Lote 57 ―en una zona adyacente a los Lotes 88 y 56 de Camisea―, acaba de decir que ellos le venderán gas a Nitratos del Perú, que pondrá una Planta Petroquímica en la Bahía de Paracas (nada menos).


La cuestión es que quien debía proveerlos era el Consorcio Camisea, con el gas del Lote 88, con 72 millones de pies cúbicos diarios por 20 años. Nitratos del Perú (formada por el Grupo Brescia y el grupo chileno Sigdo Koppers) “heredó” la segunda opción de una licitación que realizó el Consorcio Camisea en el 2007.

¿Por qué se produce entonces este abrupto cambio de proveedor? Hay una razón determinante: el precio del gas para la industria petroquímica es superior al precio actual del mercado interno.

En efecto, Nitratos del Perú va a pagar por el gas del Lote 57 un precio superior a los US$ 3 por mil pies cúbicos. Esto es más que los US$ 1,50 por mil pies cúbicos (mpc) que pagan las termoeléctricas y los US$ 2.24/ mpc que pagan los usuarios industriales. 

Se comprende, entonces, el interés de Repsol por obtener un mejor precio para “su” gas. La cuestión es que, al preferir Repsol vender en el mercado interno, queda demostrado inmediatamente que así obtiene un mejor precio que aquel que obtiene el Consorcio Camisea cuando exporta el gas a México.

En efecto, dicho precio equivale al “Henry Hub” de EE. UU., una vez deducidos todos los costos. Al precio actual del Henry Hub, Repsol recibiría la cantidad de US$ 0.50 por mpc, cantidad significativamente menor a la que obtiene con Nitratos del Perú y, también, con las termoeléctricas y los industriales peruanos.

Pero aquí viene otro hecho central: es Repsol quien tiene el contrato de exportación a México, comprándole a Perú LNG el gas licuefactado en Pampa Melchorita. Repsol también participa en Perú LNG con el 30% y en el Consorcio Camisea con el 20% de las acciones.

Lo lógico hubiera sido, entonces, que el gas faltante para la exportación a México, que ahora va a salir del Lote 88 (lo que ha provocado la crisis actual), hubiera salido del Lote 57, donde Repsol descubrió 2 TCF hace algo más de un año.
Según voceros del Ministerio de Energía y Minas, esto lo plantearon en la reciente “negociación” con el Consorcio Camisea y la propia Repsol. Eso hubiera permitido “liberar” 2 TCF adicionales del Lote 88 para el abastecimiento del mercado interno, justo lo que se necesita.

Pero no. El gas para la exportación seguirá saliendo ―en parte— del Lote 88, que es el único gas que tiene precios regulados porque proviene de los “regalos de Dios” que nos hizo la Shell al devolver esos campos al Estado en 1998. Hay que recalcar que hay engaño cuando se dice que hay “muchas reservas” de gas pero no se especifica cuál será su precio de venta en el mercado interno: solo el gas del Lote 88 se venderá a precios regulados, pues todos los demás se venderán más caros, a precio internacional.

Todo esto sucede porque los licenciatarios del gas (que han negociado entre ellos cuál gas se exporta y cuál no y no se sabe, menos aún el gobierno, en qué términos) poseen la propiedad de los hidrocarburos extraídos del subsuelo ―por eso  “la lógica” no funciona― y hacen con ellos lo que quieren.

Por ejemplo, elegir ―como lo hace Repsol― venderle el gas del Lote 57 a Nitratos del Perú a un precio alto y no exportarlo a México (cuando son ellos los comercializadores) mientras que sí exportan el gas del Lote 56 y 88 lo que, a la vez, afecta la seguridad energética de largo plazo y también las reservas que tienen precios regulados. La cosa está clara: en ausencia del rol del Estado como tutor de los intereses nacionales, Repsol, como Jalisco, nunca pierde.

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