GLP: ¿Por qué no hay ducto de Pisco a Lima?


Por Humberto Campodónico


La falta de GLP en Lima ha sido atribuida, en lo fundamental, al oleaje que no permitió que los buques que salen de Pisco puedan abastecer los terminales del Callao. También a que no existen suficientes tanques de reserva en las plantas distribuidoras, lo que agrava exponencialmente los problemas derivados del mal tiempo y el oleaje.


Estos problemas existen. Pero no explican lo esencial, pues los verdaderos problemas están en, de un lado, los cambios importantes habidos en la estructura de oferta de GLP en el mercado nacional y, de otro, en la inacción del Estado para garantizar el abastecimiento a través de un ducto Pisco-Lima.

Hasta fines del 2008, el consorcio Camisea (cuyo operador es Pluspetrol) solo abastecía el 50% de la demanda nacional de 11 millones de barriles (MMB) anuales, con producción del Lote 88. El resto era cubierto por La Pampilla y Talara y el saldo provenía de la importación.

Eso cambió radicalmente cuando el Lote 56 entró en producción en diciembre del 2008, duplicando el volumen de líquidos del consorcio Camisea. Así, en marzo del 2010 la producción anualizada de los Lotes 88 y 56 llegó a 13 MMB anuales. Conclusión: Camisea-Pluspetrol tiene una posición de dominio casi total en el mercado y La Pampilla y Talara abastecen el pequeño saldo restante.

La segunda cuestión es que el gas de Camisea llega a Pisco y de allí viene a Lima en gasoducto. De su lado, los líquidos llegan de Camisea a Pisco, pero no hay ducto de líquidos entre Pisco y Lima, por lo que el GLP (que forma parte de los líquidos, junto con el diesel y la nafta) tiene que venir en buque.

La pregunta es ¿por qué no se construyó ese ducto? Porque el gobierno, obedeciendo el esquema neoliberal, consideró que eso le corresponde a la iniciativa privada. ¡Qué diferencia con el enfoque colombiano, que con ECOPETROL construyó la red de infraestructura de ductos que hoy cubre toda Colombia.

Pero, vamos, en este caso en el 2007 se concretó una iniciativa privada, por parte  de Graña y Montero, para construir el ducto por US$ 70 millones en 30 meses, el mismo que cumplió con las prescripciones de Proinversión y en, febrero del 2008, obtuvo la buena pro del Ministerio de Energía y Minas.

Pero, en el camino, GyM desistió. ¿Qué pasó? Según Gestión, “Poliductos del Perú de GyM no ha podido concretar el proyecto porque mantiene discrepancias con Pluspetrol por el mecanismo de fijación de precios del GLP” (6/7/10). Se afirma que GyM pidió que el precio del GLP en Pisco sea la paridad de exportación (como es ahora) y que todos los clientes en Lima pudiesen contratar el transporte al mismo precio para todos. Eso no lo aceptó Pluspetrol/Camisea que, durante el tiempo transcurrido había ganado posición de dominio en la oferta de GLP.

El problema aquí es que, para el gobierno, “el mercado decide”. Y como hubo discrepancias, entonces no hay ducto. No, pues. El Estado tiene la obligación de garantizar la seguridad del suministro energético por encima de cualquier consideración privada. Solo ahora, cuando el problema ya estalló, el Premier dice que va a llamar a Proinversión para “una solución rápida” (sic).

Para terminar, el cambio en la estructura de oferta en el mercado de gas, así como la nueva posición de dominio de Pluspetrol/Camisea son los factores explicativos reales del desabastecimiento. La política energética del Estado debe estar por encima de los intereses y los negocios empresariales. Eso es lo que el gobierno no entiende y lo que debe cambiar.

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