Adrian Salbuchi*

Aunque la prensa global occidental rara vez lo menciona, el terrorismo yace en la raíz de la creación y posterior supervivencia de Israel. Son esos mismos medios globales los que vienen martilleando profundamente en el imaginario colectivo mundial la idea de que “Terrorismo = Islam”. Se trate del 11 de septiembre 2001 o de los ataques suicidas en Londres y Madrid, o de asesinatos políticos en todo Oriente Medio y otras regiones, o de la explosión de una bomba en un autobús repleto de turistas en Bulgaria, para la prensa global se impone siempre la conclusión de que “la culpa la tienen los fundamentalistas islámicos”

De manera que cuando vemos al candidato presidencial estadounidense Mitt Romney participar en Israel en una reunión de alto perfil público para reunir fondos para su campaña en el Hotel Rey David —verdadero símbolo del terrorismo sionista—, uno no puede por menos que maravillarse ante el permanente doble discurso que mantiene andando la “relación especial” entre Estados Unidos e Israel.

Aunque la mayoría de la gente lo ignora, el ataque terrorista más virulento perpetrado por la guerrilla sionista tuvo lugar en julio de 1946 y su blanco fue, precisamente, este mismo lujoso hotel de Jerusalén, que en aquel entonces era sede del gobierno británico para Palestina.

Se entiende entonces que este sea un tema sensible para los británicos. En un artículo titulado “Recuerden al Hotel Rey David” publicado hace algunos años en el matutino londinense The Guardian con motivo del sesenta aniversario de aquel ataque terrorista con bombas que dejó 92 muertos, el periodista George Galoway les recordaba a sus lectores que este ataque terrorista sionista lo perpetró el grupo guerrillero llamado Irgún Tzvaí Leumí cuyo líder era un tal Menachem Beguin.

The Guardian agregaba cómo años después, ya como líder del partido ultraderechista Likud, Beguin “terminó siendo dos veces primer ministro israelí; en 1982 durante su segundo mandato ordenó la invasión “limitada” del sur del Líbano, que rápidamente se convirtió en un verdadero asalto a todo el país ocasionando muchos miles de muertes.” El periodista Galoway “recordaba todo esto mientras leía que Benjamín Netanyahu… primer ministro de Israel y preferido de la CNN participaba de una celebración de las acciones del Irgún [o sea la voladura del Hotel Rey David], diciendo que ‘Es muy importante saber distinguir entre grupos terroristas y luchadores por la libertad; y entre acciones terroristas y acciones militares legítimas…’”

Agregaba Galoway: “… En 1946 no existía Hezbolláh; tampoco existía en 1948 cuando se desplazó por la fuerza a 750 000 palestinos de sus hogares para hacer lugar para el Estado de Israel. Tampoco existía Hezbolláh en 1982; esta organización recién hizo su aparición luego de las masacres de los campos de refugiados de Sabra y Shatila”.

Años después, en 1978 los Dueños del Poder Global honrarían al líder terrorista Menahem Beguin… ¡con el Premio Nobel de la “Paz“…! (¡…pobre paz…!). Agreguemos que la metodología y características de este ataque al Hotel Rey David son el antecedente directo de las voladuras de la Embajada de Israel en 1992 y de la mutual judía AMIA en 1994, probables ataques de “falsa bandera” perpetrados en Buenos Aires.

¡Dios bendiga a las bombas sionistas!

Por supuesto, durante su visita a Israel, el Sr. Romney juró apoyo incondicional de los Estados Unidos a Israel si él llega a ser elegido como próximo inquilino de la Casa Blanca (Hmmm. ¿y qué más hay de nuevo…?).

Sin duda, Romney sabe demasiado bien que tales juramentos resultan absolutamente esenciales para lograr el apoyo del poderoso lobby pro-Israel en los Estados Unidos y para acceder a su capacidad gigantesca de financiación espuria de campañas electorales.

Mas no solo estamos hablando de los lobbies judíos como el poderoso AIPAC (Comité Estadounidense-Israelí de Asuntos Públicos) o el Congreso Judío Estadounidense, o la ADL (Liga “antidifamación”). También están las muy poderosas organizaciones políticas y económicas de la ultraderecha fundamentalista evangélica “sionista-cristiana”, que en su fanatismo religioso ven en el regreso de los judíos (o al menos algunos de ellos) a Tierra Santa el cumplimiento de profecías bíblicas y, por ende, de la obra de “dios” (!).

No se ría…. ¿No era el “cristiano renacido” George W Bush quien admitió una vez que “Dios me habló y me dijo que invadiera Irak, y así lo hice…”?

El Hotel Rey David es apenas uno de tantos episodios similares en los que participaron los padres fundadores de Israel. Itzhak Shamir, otro exprimer ministro del partido Likud que falleció recientemente a los 96 años de edad, en aquellos “buenos viejos tiempos” condujo otro grupo terrorista: la “Pandilla Stern” según la apodaron los británicos.

Stern llevó a cabo un ataque de “lucha por la libertad” el 17 de septiembre de 1948 al asesinar en la vía pública al Conde Folk Bernadotte, negociador para Palestina del Consejo de Seguridad de la flamante Naciones Unidas, que se encontraba en Jerusalén para tratar de negociar la paz entre árabes y judíos proponiendo una solución en la que tanto los israelíes como los palestinos tendrían ambos un Estado soberano.

Años después, el genocida de Sabra y Shatilla, el general Ariel Sharon, también se transformaría en otro primer ministro israelí del partido Likud.

Ladrándole al árbol equivocado…

Sin embargo, a la opinión pública mundial rara vez se le explican estas cosas, y el hecho de que siempre ha habido y sigue habiendo un muy sofisticado y poderoso terrorismo sionista.

Hoy, ese terrorismo ha crecido hasta transformarse en verdadero Terrorismo de Estado, sustentado sobre tecnologías de punta que cuentan con los conocimientos y la experiencia de agencias de inteligencia como el Mossad Israelí, cuyo lema lo dice todo: “Hacer la guerra a través del engaño”. Innegablemente son los máximos expertos en borrar sus propias huellas.

Fue el fisiólogo ruso Iván Pavlov quien una vez programó a un perro para que reiteradamente asociara el sonido de una campanilla con el alimento, de manera tal que el perrito terminaba salivando cada vez que oía la campanilla, se lo alimentara o no.

Bien. Pareciera que las mentes modernas empiezan a “salivar” cada que escuchan el grito de “¡Terrorismo!”, viendo “terroristas musulmanes” por todas partes, a pesar de que son “otros” quienes suelen llevar a cabo los actos de terrorismo…

A lo largo de décadas, esto viene siendo alimentado por técnicas de guerra psicológica masiva. Por ejemplo, los estereotipos étnicos promovidos por la industria del “entretenimiento” de Hollywood, que siempre representa a prácticamente todo terrorista furioso y desvariado, como un fanático musulmán con vestimenta árabe, barba oscura y respondiendo al nombre de Mohamed, Hamid o Alí.

De manera que estemos alertas: si el Sr Romney resulta elegido presidente de los Estados Unidos de Norte América, él —como todos los presidentes norteamericanos del último medio siglo— continuará la “guerra contra el terror” de su país trabajando muy estrechamente con el Partido Likud de Benjamín Netanyahu, cuyos fundadores —hombres como los señores Beguin, Shamir y Sharon— fueron ellos mismos crueles y violentos líderes terroristas… ¡perdón…!, quise decir “luchadores por la libertad...”

Está bien si yo lo hago; está mal si tú lo haces…

Crucémonos ahora al lado palestino. Ahí nos enteramos de que organizaciones como Hezbolláh y Hamás han sido calificadas como “organizaciones terroristas” por los Estados Unidos, el Reino Unido e Israel.

El más elemental sentido común nos indica que las fuerzas armadas de toda nación —se trate de los EE. UU., Rusia, China, Brasil o Israel— deben estar necesariamente subordinadas a sus respectivos Estados Nacionales. Ahora bien, ¿qué se supone que deben hacer los pobres palestinos para defenderse de un cruel invasor si no se les permite tener un Estado nacional soberano propio?

Ahí entonces es donde entran en escena Hezbollá y Hamás. Es fácil descalificar a ambos llamándolas “organizaciones terroristas”, pero aplicando este mismo criterio ¿no deberían entonces las potencias occidentales renombrar a una organización como la Resistencia Francesa de la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, como una “organización terrorista” por haber rehusado a aceptar de buena gana la invasión militar alemana a su país?

En pocas palabras, o debemos considerar a la Resistencia Francesa, al Irgún y Stern, Hamás y Hezbolláh, como “organizaciones de lucha por la Liberación nacional” o, si no, tendremos que considerarlas a todas como “organizaciones terroristas”.

En Argentina tenemos una frase que dice así: “No se puede tener la chancha y los veinte”, lo que significa que no se puede tener lo mejor de dos mundos.

Por eso, Occidente debe abandonar su doble discurso hipócrita y dejar de insultar la inteligencia de los pueblos del mundo, imponiendo una subjetividad tan obscena, grosera y flagrante en torno al terrorismo mundial del que ellos mismos son creadores.

* Analista y autor argentino.

Russia Today en Español, 05-08-2012

http://actualidad.rt.com/expertos/salbuchi/view/50779-israeli-terror-terrorismo-salbuchi-islam