francisco 3El Papa Francisco ha celebrado esta mañana la Santa Misa en la parroquia de Santa Ana en el Vaticano a cuyas puertas se agolpaba desde primeras horas de la mañana una impresionante multitud. El pontífice ha sido recibido por el párroco y por el cardenal Angelo Comastri, su vicario para la Ciudad del Vaticano.

El Evangelio del  V domingo de Cuaresma narra el episodio de la mujer adúltera que los fariseos querían lapidar y, en cambio, Cristo perdona, mientras los que la acusaban se dispersan atemorizados por las misteriosas palabras que Jesús escribe con el dedo en la tierra.

En su homilía el Santo Padre ha recordado que antes de este episodio, Jesús se había retirado a la montaña para rezar y después había bajado al Templo, donde todos lo escuchaban, hasta que al final, lo dejan sólo con esta mujer. “La soledad de Jesús - ha dicho- es una soledad fecunda: sea la de su oración con el Padre como la otra, tan hermosa, de su misericordia con aquella mujer. Este es el mensaje de la Iglesia hoy”.

"Hay una diferencia entre el pueblo -ha proseguido- Por una parte estaba el pueblo que a acudía a escucharlo, y ante el cual El se sentaba y les enseñaba. Ese es el pueblo que quería escuchar las palabras de Jesús; el pueblo del corazón abierto, necesitado de la Palabra de Dios”. Sin embargo, "había otros que no escuchaban, que no podían escuchar.

Y entre ellos estaban los que habían ido con aquella mujer: esta es una cualquiera. Tenemos que hacer lo que Moisés nos mandó hacer con mujeres como ella”.

"Creo que también nosotros, somos cómo este pueblo que, por una parte quiere escuchar a Jesús, pero al que, por otra, a veces, le gusta cebarse con los demás ¿no?, condenar a los demás ¿no? . El mensaje de Jesús es éste: misericordia. Para mí, lo digo con humildad, es el mensaje principal del Señor: la misericordia. El mismo lo ha dicho: “No he venido por los justos: los justos se justifican solos (...) Yo he venido por los pecadores”.

“Pensad, por ejemplo, en los comentarios de algunos después de la vocación de Mateo, el recaudador de impuestos: ¡Pero éste va con los pecadores!. Y El, ha venido por nosotros cuando reconocemos que somos pecadores. Pero si somos como aquel fariseo que decía ante el altar: "Te doy gracias Señor, porque no soy como los otros hombres, y tampoco , como este publicano que está en la puerta..", no conocemos el corazón del Señor y non tendremos nunca la alegría de sentir esta misericordia. “No es fácil confiar en la misericordia de Dios porque es un abismo incomprensible. Pero tenemos que hacerlo”.

El Papa ha explicado, que a veces la gente dice a los sacerdotes: “Oh, padre, si supiera que vida llevo no me diría estas cosas” . “¿Por qué, qué has hecho?”. “He hecho cosas tremendas". “Pues mejor! Vete con Jesús. Le gusta que le cuentes lo que has hecho. El se olvida, tiene una capacidad especial de olvidar especial. Se olvida, te besa, te abraza, y te dice solamente: “Tampoco yo te condeno: Ve, y de ahora en adelante no peques más”. Sólo te da ese consejo. Después de un mes, estamos en las mismas ... Volvemos al Señor. El Señor nunca se cansa de perdonar, ¡nunca! .Somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón. Y pidamos la gracia de no cansarnos nunca de pedir perdón, porque él nunca se cansa de perdonar. Pidamos esta gracia ".

Terminada la Misa, Francisco ha presentado a algunos de los participantes en la celebración:

“Aquí,  ha dicho, hay algunos que no son parroquianos: estos sacerdotes argentinos; uno es mi obispo auxiliar, pero por hoy son parroquianos míos. Pero quiero que conozcáis a un sacerdote que viene de muy lejos y que está aquí: un sacerdote que desde hace tiempo trabaja con los chicos de la calle, con los drogadictos. Ha abierto una escuela para ellos, ha hecho tantas cosas para que conocieran a Jesús, y todos éstos chicos y chicas de la calle hoy trabajan, gracias a lo que han podido estudiar; son capaces de trabajar, creen y aman a Jesús”. El Papa se ha dirigido entonces al sacerdote diciéndole: “Ven, ven a saludar a la gente. Rezad por él; trabaja en Uruguay, es el fundador del Liceo Jubilar Juan Pablo II; éste es su trabajo. No sé cómo ha llegado hoy aquí. Me enteraré. Gracias, Rezad por él”.

Después de los saludos a los feligreses, el Papa se ha asomado a la calle de Porta Angelica, adyacente a la Puerta de Santa Ana, una de las entradas del Vaticano, para saludar a los miles de personas que querían verlo antes de que rezase su primer Ángelus.